En nuestra programación, textos y comentarios es frecuente encontrarse con la expresión “formación integral”, concepto que creemos necesario explicar para una mejor comprensión de nuestro patrón educativo.

Para empezar, no concebimos la academia como un “aparcadero” de estudiantes, sea cual sea su edad.

En segundo lugar, creemos que no hay dos niños iguales. Cuando unos padres nos citan para hablar sobre la educación de sus hijos, les pedimos que, a ser posible, los traigan a ellos también. Queremos conocerlos, establecer una primera comunicación para saber quiénes son, qué les gusta y no les gusta de los estudios y cómo les gustaría que fuesen. Es nuestro primer paso para valorar cómo debemos proceder académica y personalmente con ellos. A partir de ahí, elaboramos un plan específico que tenga en cuenta sus conocimientos, sus capacidades y sus ritmos de aprendizaje. Escuchar a los niños es fundamental para entendernos con ellos y procurar que entiendan cuál es su trabajo, cómo deben hacerlo y qué se espera de ellos. En definitiva, comprensión y responsabilidad mutuas.

Ponemos empeño en comunicarnos con ellos y en transmitirles con sencillez y cercanía lo positivo de los estudios para su formación, tanto desde el punto de vista personal como académico. Les enseñamos que adquirir conocimientos les ayuda a comprender el mundo, que una conducta positiva contribuye a asimilarlos y aprovecharlos, y que con voluntad los objetivos están a su alcance.

El estudio no debe ser una carga, sino, como el trabajo, un medio de realización personal. Infundirles confianza en sus posibilidades refuerza su autoestima y les lleva por el camino del éxito en los exámenes, que es, al fin y al cabo, el objetivo material de todo estudiante. En esta manera de proceder es importante tener en cuenta los tiempos de cada alumno. Hay niños muy buenos en ámbitos científicos, pero no tanto en áreas lingüísticas, y viceversa. No tener en cuenta esa evidencia acaba siendo un fracaso del docente… que paga el estudiante.

Por ese motivo trabajamos y avanzamos a su ritmo, y les animamos a que experimenten (preguntando, explorando, imaginando) para que encuentren no solo respuestas, sino también el lugar en que psicológicamente se sienten más cómodos. Fomentar su creatividad y mostrarles la importancia de valores como el respeto, la independencia personal y el compromiso forman parte de nuestra manera de entender la enseñanza.

Confiamos en que lo hasta aquí expuesto haya servido para explicar lo que en la Academia Argia entendemos por “formación integral”. Porque creemos en ella y en el aporte personal y cultural que conlleva, hemos puesto en marcha en este curso las Escuelas Temáticas, un ambicioso programa de apoyo a la enseñanza integral con el que esperamos contribuir a formar personas y ciudadanos responsables.