Si la clase de conversación en inglés del pasado viernes fue amena y divertida, la de ayer, miércoles, la superó con creces.
Comenzamos inventando historias sobre los personajes de unos dibujos que previamente nos había repartido la profesora. Cada uno de nosotros (éramos cuatro los alumnos) tuvo que describir lo que veía en la imagen que le había tocado. Algunos creyeron ver que sus personajes formaban una familia, otros pensaron que eran compañeros de trabajo y otros que se trataba de un grupo de amigos que habían salido de copas. La descripción debía ser lo más completa posible, ya fuese resaltando aspectos físicos de los personajes, cómo habían llegado a esa situación o qué nos había llevado a pensar por qué formaban un grupo que compartían aspectos en común. El ejercicio trataba ya no solo de hacernos hablar en inglés (objetivo principal de toda clase), sino hacernos buscar en nuestro vocabulario las palabras que más certeramente nos ayudasen a expresar fluidamente lo que veíamos y pensábamos.
En el siguiente ejercicio se nos propuso un «food quiz» o cuestionario sobre comida. Estaba compuesto por siete preguntas con hasta ocho posibles respuestas en alguna de ellas. Se trataba de leer en voz alta, elegir una opción y desarrollarla. De esta manera pudimos hablar sobre el desayuno y los alimentos que utilizamos, las frutas, los vegetales o las grasas que ingerimos en nuestras comidas diarias, aderezado con opiniones personales acerca de la idoneidad o no de tomar determinadas cosas en según qué momentos. Al igual que el ejercicio anterior, este también dio mucho juego en cuanto a vocabulario y expresión, con no pocas intervenciones de la profesora para explicar palabras, construcciones sintácticas o corregir pronunciaciones mejorables.
De pronuncición fue, precisamente, la tercera y última propuesta de la clase. Se trataba de conocer mejor y, posteriormente, identificar vocales tónicas (stressed vowels) en un texto diseñado al efecto. Hecho esto, había que pronunciar rítmicamente una serie de palabras y frases específicamente elaboradas, que nos permitían interiorizar el concepto que se nos trataba de enseñar. A modo de ejemplo, ahí va una de esas frases: «I ate an apple and a banana in a cinema in Canada». Es un poco complejo de explicar, pero fue un ejercicio muy ameno y de gran valor didáctico.
La próxima clase la tendremos a partir de las siete de la tarde de mañana, viernes. ¿Superará en amenidad a la de ayer?